domingo, 22 de octubre de 2017

Aves grandes y pequeñas (PNM, V)

Si os pidiese el nombre de algún ave africana... ¿os vendría a la cabeza el avestruz? Tal vez (¿que otra se os ocurre?), pero yo hago la prueba conmigo mismo y no, no es así. Será por su tamaño, la incapacidad de volar o su aspecto más "peludo" que emplumado, pero el caso es que las avestruces Struthio camelus son para mí casi más mamíferos que aves, me sorprende ligeramente encontrármelas en la guía, y me temo que tampoco me hizo especial ilusión tachármelas en el Kruger en julio. Pero oye, decepciones aparte, la verdad es que quedan bien. Y en Mokala además trasmitían una sensación mucho más "salvaje" que muchos de los mamíferos, pues mantenían siempre bastante distancia con los coches y no se dejaban ver nunca demasiado bien.

Vamos pues con unos cuantos bichos emplumados más, "de los que sí apetece tachárselos". El sisón moñudo austral Lophotis ruficrista (aunque la "ruficrista" los machos la despliegan solo raramente, al cantar) ya lo había visto también en el Kruger, pero aquí en Mokala vimos bastantes, y los vimos muy bien. Las marcas cremosas en forma de "V" del dorso son muy características de la especie. A estos no los vimos en celo...

... pero sí a los machos de otra especie de avutarda, el sisón negro aliclaro Afrotis afraoides, cuyo afónico canto se escuchaba sobre todo al caer la tarde, proveniente tanto de individuos posados como este como de otros en vuelo. Junto con estas dos aves tamaño gallina, la avutarda kori Ardeotis kori, grande como un niño, el ave capaz de volar más pesada, completaba la terna de avutardas de Mokala. Pero estas me temo que solo las vimos de lejos, en vuelo; me muero de ganas de verla en condiciones.

Vamos con otras aves de tamaño más moderado, empezando por tra que también había visto de refilón en el Kruger, pero que aquí estaba por todas partes: la tortolita rabilarga Oena capensis, una paloma diminuta que, obviando la larga cola, es apenas del tamaño de un gorrión. En la Svensson-Mullarney (esta especie vive por toda África subsahariana, pero también en Arabia y Oriente Medio; por eso la tenemos en las guías del Paleártico) la describen de hecho como parecida en vuelo a ¡un periquito!. Esta con la máscara negra es un macho; las hembras no la tienen.

Escuchando como escucho casi cada día los abejarucos europeos, y encima sin verlos prácticamente nunca, me gustó mucho poder ver sin problemas una especie típicamente africana, y además muy bonita (como todos los abejarucos, por lo demás): el abejaruco golondrina Merops hirundineus, que recibe su nombre por la cola bifurcada. Y me queda todavía un puñado de especies de abejaruco por ver en este país, especies que son migrantes intraafricanas, que descienden hasta Sudáfrica desde latitudes más ecuatoriales ahora en verano. A ver si voy teniendo suerte...

Un ibis hadada Bostrychia hagedash. De haber visto esta foto hace medio año, no creo que me hubiese trasmitido gran cosa: "un bicho no muy vistoso, pero estaría bien verlo", y poco más. Encontrarme en cambio ahora hadadas en el monte, acostumbrado como estoy a verlos en la ciudad, despertándome a gritos cada mañana, picoteando en la basura por las aceras, se me hizo de lo más raro; casi como si hubiese visto una paloma o un gorrión.

Gorriones vimos también, vaya: gorriones de El Cabo Passer melanurus, la especie "urbana" propia del sur de África, que comparte espacio en las ciudades de aquí con los gorriones comunes, exóticos. Un bicho muy bonito, ligeramente más grande que el nuestro y que suele construir los nidos, además de al amparo de edificios y así, también directamente en los árboles (unas masas de paja y basura que dejan bastante que desear en cuanto a arquitectura), cosa que los gorriones comunes casi nunca hacen.

Un avión isabelino meridional Ptyonoprogne fuligula, una especie de golondrina que también veo a diario en Bloemfontein, muy similar por lo demás a su primo carnal paleártico, el avión roquero. Al igual que me pasa con los abejarucos, hay en Sudáfrica muchas especies de golondrinas que vienen sobre todo ahora en verano y que tengo muchas ganas de ver. Y he visto "algunas", ero al no tener el ojo hecho aún, y ser estas en general tan ágiles en el aire, me está costando horrores intentar identificarlas.

No me costó en cambio identificar al serín amarillo Crithagra flaviventris, del que también os hablaba no hace mucho. La verdad es que, entre tanto LBJ, muchos más de los que detallaba en la entrada anterior, se agradece dar de vez en cuando con un bicho así más coloreado.

Y acabo esta entrada con un bimbo más, una especie que no pensaba sumar en el parque semidesértico al que íbamos, pero quiso Dios que en una charca de mala muerte junto al camino (charco, casi) nos topásemos con un par de ánades piquirrojos Anas erythrorhyncha. Os enlazo una foto en la que se les ve mejor el pico rojo, y os emplazo a la siguiente entrada, donde también tocará hablar de aves acuáticas: de las muchas que había en (¿el?) otro charco del Parque.

viernes, 20 de octubre de 2017

LBJ (PNM, IV)

 Esta foto resume, de manera bastante fiable, cómo son la mayoría de mis observaciones de aves en este país: un lejano punto marrón entre las ramas. ¿Os atrevéis a ponerle nombre y apellidos?

 ¿Y ahora? Bueno, sigue siendo bastante fastidiado, pero con un poco de fe (más o menos la de Indiana Jones en la segunda de las pruebas) me creeréis si os digo que (creo que) es una alondra leonada Calendulauda africanoides. Bueno, leonada es, y un aire un poco a una calandria sí se da, así que ¿por qué no?

 El día de mi fiesta sorpresa de despedida, antes de mudarme al norte, me hicisteis un regalo que os había dicho muchas veces que ni quería ni necesitaba: una cámara 'bridge', una de esas que ocultan en un cuerpo de réflex unas tripas de compacta (vamos, el mismo timo que los SUV), compensando al menos la falta de calidad óptica que justifique el precio a base de meter una burrada de aumentos... lo que, para los naturalistas 'prácticos', nos ha supuesto una bendición, así que ya va siendo hora de que me disculpe públicamente por mis reticencias pasadas, y de que os dé de nuevo las gracias.
Con lo de 'naturalista práctico' me refiero al que busca contar con la imagen como una herramienta de identificación, más que como un objeto artístico. Ya veis pues que la calidad de las fotos que os pongo en esta entrada no es muy grande, pero a mí me resulta más que suficiente para, partiendo del desconocimiento previo del ¿90%? de la fauna alada sudafricana, ser capaz de identificar sin demasiados problemas, si la observación es medianamente decente, las especies menos complicadas, como este papamoscas del Marico Bradornis mariquensis.

 Pero otras... ¡ay, amigo! Incluso con fotos decentes, son muy difíciles de identificar. Y entra en juego aquí mi segunda posesión más preciada aquí en Sudáfrica, en lo tocante a las identificaciones complicadas de pajarillos: el Chamberlain's LBJ, uno de los mejores libros de pájaros que he visto nunca, escrito e ilustrado por Faansie Peacock, que además, por correo al menos, ha resultado ser un chaval de lo más simpático. No solo es que las ilustraciones estén a años luz de las de cualquier otra guía de aves de la zona, sino que el hombre se ha currado (a costa de terminar con un libro poco "llevable al campo", cierto es) unos textos de descripción de las especies, de sus voces, de sus hábitos y de su historia natural la mar de vivos, que es un gusto leer, casi como una novela. Y gracias a él me atrevo a intuir que este bichejo de la foto es un bisbita del Vaal Anthus vaalensis, aunque hay un puñado de bisbitas en este bendito país que se parecen tanto, pero tanto, que no las tengo todas conmigo...

 Una alondra sabota Calendulauda sabota ("sabota" es alondra en setsuana, una de nuestras 11 lenguas oficiales). Y no os penséis que, aunque la foto es buena, no me costó un poco identificarla... Esto de las fotos tiene su parte mala, que yo ya veía con un poco de pena y un puntito de desprecio en mis compañeros de campo, y que ahora veo con sensaciones negativas aún mayores en mí (ya me lamenté por lo mismo en otra entrada): el vicio de preocuparse más por sacar fotos suficientemente buenas, con la idea de "ya luego miraré con la guía qué es", que por atender de verdad con los prismáticos a cómo es el bicho, qué hace y qué sonidos emite; a identificarlo como Dios manda, vaya. También es verdad que, de haber actuado así, de haberme propuesto utilizar solo los prismáticos y el resto de mis sentidos, me habría venido de Mokala con muchas menos especies... si es que, teniendo el tiempo limitado (mane, tekel, fares!), no se puede querer nadar y guardar la ropa: pretender ser un naturalista de pro y uno con la lista muy larga.

Menos mal que algunos se dejaron ver mucho y bien, y que además se parecían lo suficiente a sus equivalentes españoles como para que pudiese darme el gusto de identificarlos sin dudar a la primera, como es el caso con este alzacola del Kalahari Cercotrichas paena. Y eso que todavía me falta el peninsular... Ya sé que la foto es mala; tengo otras mejores, que el bicho se portó bien. Pero esta es la única que tengo en la que se ve bien de dónde le viene el nombre...

Termino ya esta entrada dedicada a los LBJ con otra especie que me hizo mucha ilusión ver, por los mismos motivos que el alzacola, y porque además sus parientes ibéricos me tocan la patata, pues es una curruca: una curruca azulada Sylvia subcoerulea. Una de las dos que crían en Sudáfrica, a las que se suman en invierno varias especies europeas. No pierdo la esperanza de ver alguna capirota cuando menos me lo espere...

miércoles, 18 de octubre de 2017

Y más pelo aún (PNM, III)

Perdón por el abandono de estos días, que han sido unas tardes un tanto liosas... Tras despachar ya los diversos antílopes que vimos en Mokala, vamos con otros bichos con pelo del parque, que no fueron pocos. Y empiezo con una cebra de llanura Equus quagga, que igual os parece algo extraña, tan marrón, y de rayas difuminadas hacia la grupa... tiene su explicación: hasta que cazaron los últimos en la segunda mitad del S. XIX, estas zonas herbosas del sur de África contaban con su cebra propia, el quagga, de cuerpo mayormente pardo y rayas solo en la porción anterior del cuerpo, que compartía espacio con el ligeramente más afortunado ñu de cola blanca. Trascurrido un siglo tras la desaparición de los quaggas, y a rebufo de proyectos similares que intentan recrear los antepasados silvestres de vacas y caballos en Europa, surgió el "Proyecto Quagga", una iniciativa para, a base de realizar cruces selectivos de cebras con más pardo de lo habitual, buscar obtener ejemplares que recordasen a los desaparecidos quaggas, con los que repoblar de una forma más "natural" las reservas del sur de este país. El proyecto sigue su curso y se van obteniendo ejemplares de aspecto variable, aunque incluso los que tienen menos rayas presentan un tono leonado claro bastante distinto para mí del pardo más oscuro de las pieles de quagga que se conservan.

Varias de las cebras de Mokala proceden de ejemplares de dicho proyecto, pero uno se pregunta si el esfuerzo merece la pena, visto que en este parque hay también cebras "normales" que se cruzan con las otras, de modo que se ve toda una mezcolanza en lo que al pardo y la cantidad de rayas se refiere. Por no hablar de que un quagga no es (solo) "una cebra marrón": el resto de adaptaciones que tuviesen esos animales (por ejemplo mudar el pelo por una capa más densa en invierno, que no poseen las otras cebras, de ambientes más templados) se perdieron para siempre.

Bueno, vamos con otro animal, o mejor dicho con nuestros intentos no muy fructíferos por verlo: el rinoceronte. Cualquiera de los dos, vaya, blancos o negros, que aparentemente de los dos hay en este parque. A Joaquín y a mí el tema de los Big Five nos da bastante igual, pero por buscar que nuestros dos compañeros de viaje se llevasen algún bicho mítico a la boca, echamos bastante tiempo buscando por el parque algún rinoceronte o búfalo, los dos integrantes de la boy band presentes en Mokala. Y encontramos bastantes excrementos, y rastros en el barro de los caminos, como estos de tres dedos, casi dinosauriformes, de los rinocerontes; pero búfalos no vimos ni el primero...

... y rinocerontes a punto estuvimos de no verlos tampoco (ni jirafas), hasta que el último día decidimos sacrificar el ir a ver la cercana Kimberley por echar el rato en las carreteras del parque que nos quedaban más lejos del campamento. Y allí nos encontramos a este grandullón, rebozado en polvo rojizo y escapando del sol de mediodía a la sombra de unas acacias, y como veis enormemente preocupado ante nuestra presencia.

Es una gozada, esto de que los animales no se alarmen al detenerse los coches de los visitantes. Aunque la verdad con los facóqueros Phacochoerus africanus, aunque abundantes, no tuvimos tanta suerte, pues volvían grupas y salían por patas, con la cola ridículamente tiesa en vertical, si les prestabas demasiada atención. Solo este nos dejó sacarle fotos de cerca.

Los que no se alarmaban mucho eran los componentes de este grupo de monos verdes, Chlorocebus pygerythrus, que descansaban el doming en el mismo lugar donde el sábado bebían los nialas de la entrada anterior. Y es una pena que no tuviesen mucho de qué asustarse, porque estos monos han adquirido cierta fama en los documentales (aparte de por cierto detalle anatómico lleno de color) por su especie de lenguaje primitivo: el uso de diferentes tipos de vocalizaciones para codificar diferentes tipos de amenazas por parte de depredadores, y escapar hacia los árboles o no en consonancia.

Pasamos de un grupo de monos, a uno de animales muy monos: unas ardillas de tierra sudafricanas Xerus inauris, bastante parecidas a las ardillas morunas asilvestradas por toda Fuerteventura. No son el único roedor bípedo del parque, pues nos apuntamos también a hacer desde el campamento una salida nocturna en un coche con focos para intentar ver cerdos hormigueros o algún felino; y con eso no tuvimos suerte, pero sí me sirvió para tacharme el chotacabras carirrojo Caprimulgus rufigena y un bicho la mar de raro y molón, la liebre saltadora Pedetes capensis. Que no es una liebre, sino un roedor de un grupo africano la mar de raro, del que casi todas las especies que se conocen son fósiles, salvo este bichejo y un grupo de ardillas voladoras de lo más feas.

Otra ardilla aquí, dando buena cuenta de los restos de alguna barbacoa. No hay muchas especies de depredadores en Mokala, la verdad, y ninguna grande, como ya os dije; pero sí hay uno, del tamaño de estas ardillas y que de hecho suele compartir madriguera con ellas...

... y que goza además de amplio favor popular: el suricato Suricata suricatta. Solo vimos un grupo de ellos, aunque bastante numeroso: cruzaron corriendo la carretera todos a una, delante de nosotros, y después se pararon, miraron hacia atrás, se dieron la vuelta y volvieron todos a la carrera por donde habían venido; como si los veinte se hubiesen dejado el gas abierto en casa. La verdad es que muy listos no nos parecieron...

Un bicho encantador: el zorro orejudo Otocyon megalotis, del tamaño de un zorro europeo, máscara como de mapache y esas grandes orejas que les sirven para localizar por el oído los pequeños animales de que se alimentan, sobre todo termitas. Suponemos que estos dos, que vimos muy bien (aunque poco tiempo), a pesar de la foto, eran Sr. y Sra., pues estos bichos se emparejan de por vida.

Y acabo ya con el que, codo con codo con el caracal, es el mayor depredador de Mokala: el chacal de lomo negro Canis mesomelas, del tamaño de un perro mediano; de Brego, mismamente. Según nos contaron al principio había también hienas pardas, pero los dueños de los cotos de caza aledaños al parque se quejaron y las sacaron del mismo. Curiosa gestión la de los espacios naturales de este país, ya os digo... Vimos solo un par de chacales, que se mostraron bastante confiados, cosa rara en un bicho en general considerado alimaña y al que se persigue mucho. Pero se le ve en la cara a este, que sabe que es allí el que corta el bacalao. Ya veremos cuando, como nos dijeron, se decidan a soltar guepardos en el parque...

domingo, 15 de octubre de 2017

Antílopes de todo pelo (PNM, II)

Trascurrida una semana de aburrida y atareada facultad, voy ya sacando ratos para poner algo de orden en las fotos del fin de semana pasado, así que vamos sin más dilación con algunas de ellas. Empezando por los antílopes, cuya diversidad y abundancia da justa fama al parque de Mokala. Ya os había enseñado en una entrada anterior al ñu de cola blanca Connochaetes gnou, especie propia del sur de África y salvada de la extinción in extremis a comienzos del S. XX, que es uno de los iconos del Parque...

... pero sin duda la especie más abundante, en Mokala y en general en las zonas abiertas de casi toda Sudáfrica, incluso fuera de las reservas, es el springbok o gacela saltarina Antidorcas marsupialis. Y sí que saltan, sí: en Mokala no hay depredadores mayores que un chacal, no hay leopardos, guepardos, leones o hienas; y los herbívoros llevan así una vida bastante relajada. Pero de vez en cuando a las gacelas les daba la venada y escapaban cuando parabas el coche a su lado, dando los saltos que las han hecho famosas en los documentales.

Imagino que la ausencia de depredadores tendrá algo que ver en la relativa frecuencia con que se veían gacelas melánicas en el Parque: desde las que solo parecían ligeramente "ahumadas" hasta las que eran casi por completo color chocolate, como la de la foto. La verdad es que es un concepto que se me hace raro, este de los parques nacionales sudafricanos, de vallar una zona "pelada", soltar bichos chulos y entonces proteger la reserva; en vez de proteger solo zonas que conservasen su riqueza de forma natural (que también lo hacen, vaya). Te encuentras así con sitios como este, donde hace diez años no había nada y ahora hay un montón de herbívoros bastante escasos en otras reservas, pero que no son controlados por nadie que se los coma, de modo que imagino que, o sueltan en algún momento carnívoros también, o tendrán que acabar controlándolos de forma manual.

Desde un punto de vista más "listero", te da algo de escrúpulo tacharte bichos así, pues no dejas de tener la impresión de que estás en una especie de zoo-safari... pero también es verdad que muchos de estos bichos ya solo persisten en sitios así; bichos como el antílope ruano Hippotragus equinus, una especie muy grande y bonita que tenía muchas ganas de ver. Me lo taché en el parque... y justo al salir del mismo vimos a su especie hermana, el más bonito aún antílope sable (que habíamos buscado sin éxito de verjas para adentro), pastando pegado a la carretera, tras la verja de uno de los enormes cotos de caza de este país, anejo al parque y que seguramente fuese casi tan grande como el mismo. ¿Y por qué me tacho uno en tierras públicas y al otro en tierras privadas no? ¿Solo porque supongo  -pues saber no lo sé- que uno estará menos manejado que el otro? Será...

En fin, disquisiciones acerca de si el ambiente que visitábamos era más o menos natural aparte, sí disfrutamos mucho con los distintos animales. A medida que uno dejaba atrás las zonas de pradera donde estaba nuestro campamento, también iba cambiando la composición de especies. Cuando empezaba a haber más arbustos y árboles, en vez de ñus de cola blanca se veían ñus azules Connochaetes taurinus, que aquí en el sur (en el Kruger también) son animales que forman grupos pocos numerosos que se mueven en zonas resguardadas, no esos rebaños de miles de ñus que se ven en el este de África en los documentales, en zonas abiertas.

Sustituyendo al antílope ruano, en las zonas más arbustivas veía uno bastantes ejemplares de su pariente el órix del Cabo, o gemsbok Oryx gazella, una especie preciosa; y que de nuevo aunque aquí buscaban la vegetación desarrollada, más al oeste, en el Kalahari y el Namib, se los encuentra uno pastando entre las dunas, donde casi no crece nada.

Una especie grande y bastante elegante, que se encontraba uno por todas partes durmiendo bajo los arbustos a mediodía, era el alcélafo o hartebeest Alcelaphus caama (son muy divertidos, por lo sonoros, los nombres afrikáner de estos antílopes, que son los que se usan de forma habitual en inglés también). Al contrario que los cuernos de otros alcélafos de más al norte de África, los del de aquí se alzan en forma de lira, en vez se abrirse en semicírculo a los lados...

...lo que permite distinguirlo del tsetsebe Damaliscus lunatus, una especie por lo demás muy parecida y uno de los antílopes más veloces; y que aunque está en general bastante amenazado, en el parque no era raro.

Ramoneando en las zonas arbustivas aparecían por aquí y por allá unos cuantos elands comunes Taurotragus oryx. Los elands son los antílopes más grandes de África, igualando en tamaño a varias de las razas pequeñas de vacas. Al igual que las vacas (no todas...), son de temperamento tranquilo y se les puede domesticar y ordeñar. Hubo en tiempos en Sudáfrica granjas de elands, y aparentemente aún las hay en regiones esteparias del sur de Rusia. Dentro de la familia de los bóvidos, los elands y sus parientes del género Tragelaphus, como los kudús (que también había en el parque)...

... los nialas T. angasii como estas bellezas que bajaron a beber a una charca, un macho y dos hembras; y otros, son el grupo hermano de vacas, bisontes y búfalos, mientras que el resto de los "antílopes" se desperdiga en diversas tribus a lo largo del resto de la familia, incluyendo por el medio a cabras y ovejas. A lo que voy: que "antílope"es solo un nombre, pero no una categoría taxonómica natural.

Y tras sacaros antes al grandullón del eland, cierro ahora con uno de los más pequeños, un steenbok Raphicerus campestris, que sé que os gusta, con sus orejotas de burro. También me gusta a mí, para qué lo vamos a negar...

viernes, 13 de octubre de 2017

La Fiesta de la Patata

 Aunque imagino que conmocionados por los eventos sucedidos en el resto del país... o quizá no tanto, los paisanos de mi aldea celebraron como de costumbre a comienzos de octubre (a pesar de que desavenencias con la Corporación* amenazasen su continuidad) la Fiesta de la Patata, uno de los eventos que más gracia me hacía de pequeño. Y como mi madre se acercó allí el domingo a pasar el día, y nos estuvo inundando el wasap con fotos de la misma, pues rescato algunas para teneros entretenidos, antes de que caduquen...

La fiesta es de la patata como podría haber sido de cualquiera de las otras (pocas) cosas que se cultivan por allá, pero la variabilidad fenotípica de la homenajeada permite celebrar un concurso que difícilmente se puede realizar con los productos de otras fiestas gastronómicas, de platos de carne, mariscos o empanadas: escoger la patata más rara. Cada año, cuando tocaba deslomarse al final del verano, mis abuelos iban escogiendo las patatas más deformes que salían: "estas para os nenos, para a festa...", aunque no creo que ganásemos nunca nada, pues siempre competían auténticas aberraciones; a saber qué salidas de purines tóxicos tenía esa gente encharcándole las huertas...

La otra competición importante era a ver quién conseguía la patata más grande... Un año uno de los curas de Salesianos, que nos daba Sociales, que imagino que moriría ya, y que era de la aldea, cogió la patata ganadora para llevarla a clase, y explicar que al precio que estaba el mercado por esa patata tan grande al agricultor le pagaban diez pesetas, y que a nosotros por una bolsa pequeña de patatas fritas nos cobraban en la cafetería ¿cincuenta?, no me acuerdo; y que echásemos cálculos, y que "eso, niños, son los intermediarios; y por eso deja mucha más riqueza el tener toda la industria transformadora, en vez de mandar fuera la materia prima".

Un concurso que no había en mis tiempos era el de los "dioramas patatiles", elaborados por los niños del colegio, los pocos que quedarán. O seguramente más bien por sus padres, porque alguna de las fotos de mi madre mostraba construcciones que no se correspondían mucho con el nombre y edad escritos al pie... eso, o justo somos nosotros los que salimos tontos en un pueblo de superdotados para las artes plásticas.

Os pongo aquí al auténtico "Señor Patata" recogiendo patatas, un ejercicio de metaloquesea que es el que más éxito ha tenido entre aquellos a los que ya os he enseñado estas fotos antes...

Y otro elemento novedoso, las cestas de "productos de temporada". Más de una de las verduras que pude ver en las fotos de dichas cestas no sé yo si no estarían de temporada en el supermercado, más que en las huertas, porque asomaba por ahí alguna que muy local, muy local, no parecía... bueno, pero dejémosles el beneficio de la duda, que no tengo yo por qué dudar de la honestidad de mis parroquianos.

Cierro ya con una foto de la fotógrafa, a la que agradezco y reprocho a la vez que enviase todo este material. Que Sudáfrica queda más lejos de lo que parece por wasap...

* Qué sonoridad, lo de "la Corporación"; como de Marvel...

jueves, 12 de octubre de 2017

"¿Y el refrigerio?"

Recibí el correo la semana pasada: que esta semana vendrían "unos evaluadores a evaluar el Departamento", que querían hablar conmigo si era tan amable, y que se serviría un pequeño refrigerio... bueno, pues todo sea por el refrigerio departamento, claro. Las dichosas entrevistan han tenido al Departamento revolucionado toda la semana; y de una forma que me ha hecho mucha gracia, como de chavales arreglando la casa antes de que vuelvan sus padres de pasar el finde fuera: el lunes le dieron al pasillo y los despachos una limpieza que no habían visto en años, y escondieron (?) en el nuestro los contenedores de papel y pilas para reciclar que nadie vacía nunca; como si fuesen algo vergonzoso. El resto de esta semana, ya con los evaluadores en activo, ha resultado curioso ver cómo toda la gente que nunca aparece antes de las nueve estaba ya por la facultad una hora antes, tratando de parecer ocupados, como si fuese su rutina más habitual; y además todos bien vestiditos, ya os digo que ha sido de lo más curioso... Como las entrevistas las han estado haciendo en la sala donde comemos, a Joaquín y a mí nos han alegrado la semana y fastidiado a la vez: "obligándonos" a dejarnos el dinero en los restaurantes del campus, en comida mucho mejor que la que pueda preparar yo... Y por fin llegó ayer el momento de la entrevista. No me pillaron en mi mejor día, porque Internet y mi ordenador llevaban horas dando problemas y estaba yo de un humor que no me habría importado que cerrasen todo y echasen luego el edificio abajo. Tampoco ayudó que la entrevista, que se supone nos tenía que tocar a las tres, fuese pasadas las cinco; pero los pobres entrevistadores parecían tan cansados que nos dieron pena a Joaquín y a mí, de modo que contestamos al par de chorradas que nos preguntaron con desgana ("ah, ya, que lleváis solo unos meses por aquí, ¿eh? Y... bien, ¿no?") y les dejamos que se fueran... y nos dimos cuenta luego de que ni refrigerio ni leches, de que allí nadie nos había ofrecido nada. La próxima vez que me alimenten antes de empezar a contestar.

martes, 10 de octubre de 2017

Entre la pradera y el Karoo (Parque Nacional de Mokala, I)

Una hembra de steenbok Raphicerus campestris, una de las muchas que vimos el fin de semana, mira al coche entre curiosa y alarmada. El raficero común es solo uno de los muchos y muy variados antílopes que vimos a lo largo del fin de semana, pues Mokala hizo honor a su fama de ser un lugar con gran diversidad de estos animales. Pero antes de meterme a saco con fotos de vacas y ovejas de estas, voy a enseñaros algunas panorámicas del aspecto general del parque:

Buena parte de la región noreste del mismo, la que nos quedaba más cerca del campamento, lucía tal que así, llana y herbosa: es el Highveld, el mismo tipo de hábitat que tenemos en Bloemfontein. A pesar de que ya os he hablado algunas veces en el blog de las tormentas con que empieza aquí la primavera, lo cierto es que el campo lucía aún mayormente seco, aunque a ras de suelo sí se notaba que la hierba empezaba a reverdecer.

Grupa con grupa, seguimos a estas tres cebras (algo... raras, tan marrones y tan poco rayadas, ya; ya os hablaré de ellas más adelante) hacia el este, donde como veis el hábitat cambia de forma radical. Mokala es un parque nacional muy reciente, instaurado hace apenas diez años, y que (aunque no lo parece) resulta ser de lo más artificial: resulta que antes había otras zonas protegidas cerca de Kimberley, pero cuando se descubrieron en ellas unas vetas diamantíferas muy apetitosas, el estado decidió desprotegerlas (.....), permutándolas por lo que ahora es Mokala. El ahora parque no tenía ninguna de las grandes especies que ahora se ven en él, que proceden todas de sueltas realizadas a lo largo de estos últimos años de animales procedentes de la antigua y otras reservas; pero sí resultó ser en cambio una zona de lo más atractiva en cuanto a conservación de hábitats, pues se juntan en él tres ambientes: la pradera ya mencionada...

... el Nama Karoo, un terreno arbustivo que se extiende desde aquí hacia el este y hacia el sur, volviéndose cada vez más abierto y desértico...

... y la sabana xérica del Kalahari, donde el suelo está más libre de arbustos y dominan varias especies de acacia de copa aparasolada; incluyendo la Vachellia erioloba, o "camelthorn", cuyo nombre en tswana sirvió para bautizar el parque. Según la zona en que uno se encuentre, el suelo cambia además entre arenoso o de arcillas muy, muy rojizas.

Salpicadas aquí y allá a lo largo del parque hay una serie de colinas, de vegetación escasa y cubiertas de bloques redondeados de lavas andesíticas y doleritas, rocas muy oscuras que les dan un aspecto característico.

Y bordeando el parque por el noreste pasa además el río Riet, al que se asomaban los bungalows de nuestro campamento, todos ellos mucho más lujosos que la mayoría de sitios en que nos alojamos al salir al campo en España. Pero no me voy a quejar precisamente de eso, que ya voy yendo viejo... aunque sí podrían por ejemplo ponerle silenciador a los babuinos que nos despertaban rayando el sol con sus melodiosos berridos.

Y con esta jirafa tan maja y tan típica* cierro ya esta entrada; la siguiente ya tendrá algo más de pelo, que estando el campo tan secote no saqué precisamente muchas más fotos de plantas...

* Digo lo de "típica" por la postura esa de alargar el cuello para comer de la acacia y tal, que haría que a Lamarck se le saltasen las lágrimas del gusto. Pero en realidad nos costó encontrar alguna jirafa así, pues la mayor parte de las acacias de Mokala son más bajas que las jirafas, y estas tenían que agachar el cuello, más que estirarlo, para poder comer. Acabará por salirles joroba y todo.