viernes, 1 de abril de 2016

De bien nacidos

Al entrar a mi nuevo piso, tras poder por fin deshacer el equipaje y empezar a poner algo de orden en las cosas que había traído, me encontré en una carpeta con un documento rosa que no recordaba tener: era un certificado de nacimiento; mío, quiero decir. Y me vino a la mente un recuerdo borroso, de hace a saber cuántos años, de mi padre dándomelo mientras comentaba algo tipo "... tenía que pasar por el Registro y de paso te pedí un certificado, que nunca se sabe cuándo te puede hacer falta". La típica boutade de mi padre; seguro que en el momento hasta debí de poner una mueca de desagrado ante el favor no pedido e innecesario... el papel en cualquier caso se quedó en la carpeta, que tampoco lo iba a tirar. Y hete aquí que, hace unos días, al contactar conmigo para concertar una cita en la mutua, para que me dieran de alta en la seguridad social francesa, me pidieron que llevase ¡un certificado de nacimiento, claro! Papel que jamás habría pensado yo que me fuesen a pedir nunca, que para algo aparece ya esa información en el pasaporte y el DNI. En fin, bendita clarividencia paterna...

PD. Eso, tras arreglar ayer lo de la seguridad social, ya sólo me queda una visita al Consulado en Lyon a final de mes para darme de alta, y tras sólo dos meses y medio habré terminado con todo el papeleo necesario para cambiarme de país. Un poco más y ya me he vuelto...

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