viernes, 6 de mayo de 2016

Barcelona: mar y montaña

 Hace una semana ya de mi viaje y, como quien dice, aún no os he contado nada. Que estuve a punto de no poder ir, si acaso, porque se demoraron muchísimo en atenderme en el Consulado y llegué luego muy apurado al aeropuerto. Pero a mayores de eso... es que no ha sido un fin de semana de "hacer cosas", sino de ver a gente: con el paso de los años se me han ido juntando unos cuantos amigos en Barcelona, y la verdad es que debería volver a no mucho más tardar, porque se me quedaron varios en el tintero.

 En realidad, y salvo la tarde del viernes, que la pasé con Óscar, que tras acabar en Santiago y hacer la tesis aquí, parece ya plenamente instalado; el plan del fin de semana era celebrar el domingo el cumpleaños de Marta (primer aniversario además de que se viniese, ella también, a hacer la tesis). Como además era la que me alojaba, la organización previa y el desarrollo del mismo me tocaron muy directamente, de modo que apenas sí dedicamos medio sábado a dar una vuelta por ahí.

 Y por ahí fue, primero y como veis en las fotos, Montjuic. No había subido aún yo hasta lo alto del monte (cosa que hicimos en bus, no en teleférico), y me gustaron las vistas y darme una vuelta. Y el olor a jara, que lo he echado mucho de menos durante mi primavera centroeuropea. Es una buena cosa que la Cistus x purpureus, un híbrido de jardín de la jara pringosa y la C. creticus, haya cogido el color rosa de la segunda, pero mantenga el aspecto general, y sobre todo la resina olorosa, de la primera.

 Después de comer nos dimos una vuelta por el puerto, que ya os dije que yo iba con mi objetivo entre ceja y ceja. Pero ya veis en la foto que el día no estaba especialmente bonito y calmado en lo meteorológico, y aunque desde por la mañana ya no llovió más, sí siguió soplando un viento que, entre otras cosas, rizaba mucho la superficie del agua, con lo que no había manera de ver qué peces se movían por debajo.

Así que me dediqué a las gaviotas, que también las echaba mucho de menos, y son muy agradecidas de fotografiar, más aún si ven que en la otra mano tienes algo de comida. Igual que Marta en Barcelona, por el plumaje, este chiquitín anillado en el delta del Ebro debía de estar también en fechas de soplar una única vela. Felicidades a los dos.

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